jueves, 24 de junio de 2010

El escritor

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Ella le mira directamente, escrutándole con los ojos entrecerrados, como si estuviera siendo cegada por el sol, en una mueca mitad desprecio mitad curiosidad. Parece no comprender porque realmente no comprende nada. Comienza a hablar despacio conteniendo a un tiempo las lágrimas y la rabia que amenazan con asomarse demasiado.

-Ya no te creo más. Me desesperas, consigues que me sienta como una estúpida cuando te escucho, haces que sienta que pierdo cada segundo que paso contigo.

-Nunca te obligué a nada.

-No, y eso es lo que más me molesta. Soy yo la culpable, pero puedo ponerle remedio.

Él la sigue mirando; eso y nada más.

-Dices que eres artista.

-Lo soy.

-Pero no has demostrado nada. Todos a los que he rechazado me han demostrado algo menos tú.

-Ya te dije que el oficio del escritor no era tan fácil.

-Me desesperas. Escribir no es ningún arte. Yo misma escribo poesía, que es la única forma de plasmar por escrito el arte. Porque el arte no sale de la mente, no es racional, sino que sale del corazón y se plasma en un impulso, un golpe, haciendo emocionarse a todos los que tienen ocasión de contemplarla.

-Ese argumento podría ser válido, pero está equivocado en algo. Evidentemente para escribir es necesaria la mente, el cerebro, o el raciocinio como quieras llamarlo. Que eso va en contra del carácter sensorial, abstracto, y en cierto sentido, caótico del arte. Pero la mente no es más que una herramienta, como el instrumento del músico, como el cincel del escultor, como tu misma garganta cuando entonas. No sé de dónde proviene el arte, pero te aseguro que a mí me viene del mismo lugar que a los demás, aunque sea mi cabeza la que haga moverse a la pluma. Y eso hace que tus sentimientos se muevan dentro de ti al leer.

Ella no le quita la vista de encima, con gesto abatido, derrotado.

-¡Entonces demuéstralo de una vez! Escríbeme algo que te salga de ese lugar donde escondes el arte que no dejas ver a los demás. Escríbeme algo que haga que me conmueva, que me demuestre que realmente estás enamorado de mí, que me quieres más que los demás, y que te mereces este pedazo de corazón que quiero entregarte. Escríbeme algo bonito: la cosa más bonita que pueda hacer todo tu arte.

-Muy bien. Dame un trozo de papel donde quieras que te lo escriba.

Ella se lo da fingiendo seguridad, expectante con lo que suceda desde ese mismo instante. Él Hace un simple garabato casi sin mirar, y ceremonioso le devuelve el papel. Ella lo mira impaciente, varias veces de una sola pasada, sin querer comprender que lo ha comprendido todo. Ahoga una expresión de asombro que sin duda precede a un sinfín de sensaciones…


...al ver allí bailando, desnudas, las cuatro letras que forman su propio nombre.


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4 críticas constructivas:

Anónimo dijo...

Eres un monstruo, vaya , casi me haces llorar, joder. De categoria javi

Un abrazo Chiqui

decadente dijo...

Muchas gracias Chiqui. Tú si que eres un artista, y no el prota de este cuentecillo.

Un abrazo

AmpersandLibros dijo...

Me gusssssssssta (me falta la mano con el pulgar hacia arriba, pero ya lo pone tu imaginación). Espero que estés ;)

decadente dijo...

Gracias Yoli. Se agradece tu vuelta, porq esto ya no era lo mismo. espero q haya ido todo bien. Mil besos