El trabajo que tengo es particular (como le patio de mi casa, que cuando llueve te mojas como los demás), porque tiene cosas buenas y malas (como los demás, lo dicho) Pero éste, como novedad, tiene que de entre los pros y los contras creo que ganan los pros por goleada, casi como el Barça. Aunque estaría bien que me preguntasen dentro de unos meses, a ver qué contesto entonces (aunque si me ven muy quemado, escribiendo letanías de cosas tristes, mejor no me pregunten nada, por si acaso)
Resulta que mi querido trabajo me tiene en este momento ¿sabado por la noche?, ¿domingo por la mañana?, trabajando hasta las 8 de la mañana. Eso no es muy bueno, pensaréis. Pues no, no lo es, y sin embargo sigo pensando que los pros pesan más. Sí, porque a parte de ser un turno feo, tengo tiempo para mis pequeños placeres, como garabatear algo en este blog, por ejemplo. Moraleja: los feos también follan.
Otro de mis pequeños placeres es consultar por internet la prensa. Y siguiendo mi exquisito gusto, me he decantado por la única prensa seria del país: el 20 minutos, por supuesto. Allí, entre grandes bombazos (que para nada buscan impresionar mediante el sensacionalismo), he encontrado varias listas que los lectores votan. Tenía varias horas por delante, así que me animé a entrar a una.
"Las mejores canciones del 2010", leí. No parecía muy original viendo las fechas en las que estamos, pero supongo que es lo normal. Entré con la única intención de depositar mi voto, como amante de la música que me considero. La primera canción... no la conocía. La segunda... tampoco. Joder, no me sonaban ni los grupos. "Bueno, puede pasar", me dije antes de pasar a la tercera..., y a la cuarta, y la quinta...
Hasta la decimoprimera seguí con la misma frustrante sensación. ¡Eh! "¡Waka, waka!" Esa la conocía del mundial ese que ganamos y tal... Bien, no todo estaba perdido.
Y luego, al seguir adelante con la lista, de nuevo el vacío.
Y es entonces cuando me pregunto, qué digo me pregunto, confirmo: no estoy en la onda. No sigo el rollo. No soy cool. Vale, pero la pregunta es: ¿me importa?, o ¿cuánto me importa? Y mientras trato de encontrar la solución a este problema (momentáneo, ya que al despertarme ni me acordaré) me pregunto: ¿ya está? ¿ya he alcanzado el nivel de mi padre? ¿ya no me va a gustar nada nuevo, a lo que acusaré de "modernito"? ¿ya sólo me queda currar y sacar tripa? ¿me compro un perro para pasearlo los fines de semana por la mañana (cuando no curre, claro)?
Mientras estas dudas existenciales de domingo muy, muy temprano, corretean por mi cabeza, me despido hasta más ver.
...pues me veo hoy más gordo...

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