jueves, 30 de diciembre de 2010

Salud y libertad

Al acariciar las teclas esta mañana, estaba dispuesto a llenar este blog de letras oscuras, de líneas abyectas, de párrafos infames. Iba a escribir sobre la tristeza, la pérdida, sobre el egoismo que asola al mundo. Iba a cordarme también de aquellos que había conocido, y de aquellos que había terminado de conocer. De lo lejano que me queda ahora aquel 2007; de lo nefasto que para mí ha sido el 2010.

Pero en vez de eso, voy a dejar un hueco en blanco con la esperanza de que el 2011 sea mejor, y de cabida a mejores letras. Aprovechemos la oportunidad.

Salud y libertad para todos.





























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domingo, 26 de diciembre de 2010

Banquero

Érase una vez un país donde sus ciudadanos eran libres, aunque no pudieran tomar sus propias decisiones. Un país donde las carencias de la mayoría aupaba el exceso de unos pocos. Donde la justicia era el principal pilar sobre el que se levantaba su sistema, aunque también era el principal escondite tras el que ocultar sus vergüenzas. Un país donde la mentira y la verdad eran intercambiables.

Érase una vez una historia de unos pocos listos que se reían de miles de tontos.

Hasta que un día los pobres tontos, decidieron hacer algo. No sabían qué, pero empezaron a moverse, comenzando por denunciar aquello que parecía imposible que pudiera estar ocurriendo.

Y mientras dejamos que esta historia que acaba de comenzar continúe, os presento uno de los más gratos, sorprendentes, y frescos descubrimientos que he hecho. Se trata de un movimiento anticapitalista surgido en Sevilla, que propone intercambial el capital por el flamenco, por ejemplo. Yo de entrada cambiaría el capital por una mofeta en celo, así que la idea del flamenco me parece sobresaliente.

Os dejo con uno de los videos que han subido (y que ha sufrido censura por parte del banco poseedor de la mayor parte de España), que ha corrido como la pólvora desde entonces, y que me parece de especial importancia (y gracia). Podéis ver los demás videos, y sus propuestas en su página web, de la que dejo un enlace desde ya.

Os invito a que lo veáis, disfrutéis y compartais.

Y os pido que seáis felices.

domingo, 19 de diciembre de 2010

Not cool enough

El trabajo que tengo es particular (como le patio de mi casa, que cuando llueve te mojas como los demás), porque tiene cosas buenas y malas (como los demás, lo dicho) Pero éste, como novedad, tiene que de entre los pros y los contras creo que ganan los pros por goleada, casi como el Barça. Aunque estaría bien que me preguntasen dentro de unos meses, a ver qué contesto entonces (aunque si me ven muy quemado, escribiendo letanías de cosas tristes, mejor no me pregunten nada, por si acaso)

Resulta que mi querido trabajo me tiene en este momento ¿sabado por la noche?, ¿domingo por la mañana?, trabajando hasta las 8 de la mañana. Eso no es muy bueno, pensaréis. Pues no, no lo es, y sin embargo sigo pensando que los pros pesan más. Sí, porque a parte de ser un turno feo, tengo tiempo para mis pequeños placeres, como garabatear algo en este blog, por ejemplo. Moraleja: los feos también follan.

Otro de mis pequeños placeres es consultar por internet la prensa. Y siguiendo mi exquisito gusto, me he decantado por la única prensa seria del país: el 20 minutos, por supuesto. Allí, entre grandes bombazos (que para nada buscan impresionar mediante el sensacionalismo), he encontrado varias listas que los lectores votan. Tenía varias horas por delante, así que me animé a entrar a una.

"Las mejores canciones del 2010", leí. No parecía muy original viendo las fechas en las que estamos, pero supongo que es lo normal. Entré con la única intención de depositar mi voto, como amante de la música que me considero. La primera canción... no la conocía. La segunda... tampoco. Joder, no me sonaban ni los grupos. "Bueno, puede pasar", me dije antes de pasar a la tercera..., y a la cuarta, y la quinta...

Hasta la decimoprimera seguí con la misma frustrante sensación. ¡Eh! "¡Waka, waka!" Esa la conocía del mundial ese que ganamos y tal... Bien, no todo estaba perdido.

Y luego, al seguir adelante con la lista, de nuevo el vacío.

Y es entonces cuando me pregunto, qué digo me pregunto, confirmo: no estoy en la onda. No sigo el rollo. No soy cool. Vale, pero la pregunta es: ¿me importa?, o ¿cuánto me importa? Y mientras trato de encontrar la solución a este problema (momentáneo, ya que al despertarme ni me acordaré) me pregunto: ¿ya está? ¿ya he alcanzado el nivel de mi padre? ¿ya no me va a gustar nada nuevo, a lo que acusaré de "modernito"? ¿ya sólo me queda currar y sacar tripa? ¿me compro un perro para pasearlo los fines de semana por la mañana (cuando no curre, claro)?

Mientras estas dudas existenciales de domingo muy, muy temprano, corretean por mi cabeza, me despido hasta más ver.

...pues me veo hoy más gordo...

domingo, 12 de diciembre de 2010

Adriana


“Ante todo soy una soñadora”, solía decir ella a quienes no la conocían más que de pasada. Eso ocurría más frecuentemente de lo que podría parecer en un principio. Era mucha la gente que pasaba por su vida como un relámpago, visto y no visto; ahora estás dentro y ahora fuera. Aunque realmente nadie llegaba nunca a estar del todo dentro, no al menos como a ella le gustaría. El motivo era su trabajo, o sus trabajos, como ella solía llamarlos. “Soy una mujer realmente fuerte”, decía sólo cuando no lo sentía de veras, cuando le abandonaban las fuerzas. Bajo su frágil apariencia de niña de bien, habitaba una energía tranquila y constante; demoledora. Como la marea. Era algo que en seguida, con sólo conocerla un poco, salía a la superficie. Y era incuestionable. Pero claro, con tanta gente entrando y saliendo de su vida continuamente, esto se convertía en un detalle que pasaba inadvertido para la inmensa mayoría. Mayoría ignorante.
“Mayoría ignorante”
“No me importa; me quedo con las mejores sensaciones que esas personas dejan en mí, y eso me llena”, comentaba con regularidad. Ella sabía que ese punto de vista era muy bonito, el mejor de todos los posibles. De no ser porque era una mentira canalla. Porque ese trasiego de gente sólo le aportaba vacío, un horrible vacío. Su naturaleza la hacía sentirse llena con su vida, pero con cada cubo que sacaban de ella se iba quedando más y más seca. A veces quería gritar esto al viento, o confiárselo a alguien que de verdad la conociera. Justo ese tipo de tipo de amistades que tanto escaseaban en su vida. Era un lujo cada vez más costoso, y hacía ya unos años que había dejado de permitírselo. Y todo, una vez más debido a su trabajo. O sus trabajos.
“De cualquier modo, quienes en realidad me conocen son ese tipo de personas que me ponen caras raras cuando yo les digo que ante todo soy una soñadora”, piensa. “No pasa nada, no las necesito”
“No las necesito”
Ella quería no tener que mentirse más. No tener que justificarse una y otra vez el por qué hacía lo que hacía. Porqué su trabajo continuaba siendo lo más importante para ella si verdaderamente la estaba destruyendo. Quería encontrar alguien; era eso. Alguien especial, alguien que se saliera de lo normal y que la sacara a ella de su vida cotidiana. Alguien con quien conversar durante horas; de cualquier cosa. Y que nada más despedirte desees volver a ver porque no sólo no has hablado de todo lo que querías, sino que además han surgido nuevos temas que te encantaría tratar. De estas personas a las que siempre vuelves a por más, y a por más, y nunca te cansas. Eso era lo que quería ella.
Eso y nada más.
“Ante todo soy una soñadora”, solía decir.
(Acción evasiva)

domingo, 5 de diciembre de 2010

Huelga de controladores: una poderosa esperanza

Que conste que yo no me he visto afectado directamente por la célebre huelga de controladores, aunque por mi trabajo sí he tenido que hacer horas extras y no poder tomarme los descansos que me correspondían el viernes. Desde que comenzó todo hasta que por fin pude irme a casa (allá hacia la 1 de la madrugada) fue todo muy duro: el pánico había cundido por doquier y los afectados (con razón) buscaban responsables que respondieran por aquel caos. En muchos casos, tanto mis compañeros como yo mismo, tuvimos que soportar amenazas e insultos.

Una vez dicho esto, desearía darles mi enhorabuena a los controladores por haber organizado tan divino y maravilloso disparate. Así se paraliza a un país, así se hace tambalear las estructuras de un régimen. Así, desafiándolo, poniéndolo contra las cuerdas. Ellos nos han mostrado que se puede, que un Estado es un poderoso monolito, pero que se puede derribar si el pueblo así lo quiere. Han abierto el camino.

Así se paraliza un país, no anunciando a boca llena que se va a hacer una huelga, gastando los millones que no tenemos en pancartas, panfletos, pegatinas, y demás bazofia propagandística. Así se combate al poder, no postrándose ante él siguiendo como memos mensajes contradictorios de falsos líderes de palabras revolucionarias y mariscada full charge. Así, dejándolo en cueros, no haciéndole el juego a gobiernos caníbales y a opositores carroñeros.

Así, jodiéndolo por la fuerza, porque sí, porque somos el pueblo y nosotros tenemos el poder y no al contrario. Que se oiga bien alto y claro este aviso, que queden enterados los políticos, que sepan sus amiguitos los banqueros, los directivos de multinacionales, los señores de Wall Street, y demás cracks, fenómenos y mentes maravillosas que dirigen el cotarro en este mundo; que se enteren que si unos pocos cientos de nosotros puede paralizar su imperio, cuando todos nos unamos nuestro poder será ABSOLUTO.

La única lástima han sido los afectados, cientos de miles de personas que han perdido tiempo y dinero, y que han ganado paladas de odio y frustración. Y lo peor de todo es que realmente ha sido para nada, pues ni hoy ni mañana, ni pasado, ninguno de los gañanes que nos gobiernan despegará su culo del sillón, ni renunciará a los privilegios de los que goza su inmundo estrato. Eso es lo que más rabia da.

Las clases sociales han muerto; los estamentos reinan sobre sus restos: la nobleza se asienta mientras que nosotros -el tercer estado, el pueblo llano, ya se cobre 600 o 3000 euros mensuales- pagamos las consecuencias.

Cada pueblo tiene el gobierno que se merece; es una frase lapidaria, que a la vez alberga una poderosa esperanza.

jueves, 2 de diciembre de 2010

El reloj de la estación

Ya se apaga el faro de la estación, dejando en sombras el reloj, que seguirá funcionando todavía cuando salga el sol, una y mil veces más aunque yo no lo vea. Ya cierran a dos manos el portón, y yo sigo esperando, ramo en ristre, hundido en el ventoso rincón que ni las arañas quieren. Ya son pocos los que andan por la calle, ninguno pasea, y si alguien ve su reflejo en los cristales es de forma casual, fugaz. Y me van dejando solo, aunque no parezca su intención, sí solo con el viento que mueve mi bufanda y que trae aquí y lleva allá las nubes de noviembre. Y éstas llueven sobre mí, pero ya no me importa al rodearte con mis brazos: ya estás aquí.