domingo, 11 de diciembre de 2011

Equilibrio

Equilibrio, una palabra tan ideal que sólo mencionarla es una utopía. Tan necesaria y a la vez tan distante. En un universo circular donde todo es cíclico y gira sin parar en la misma rueda, el equilibrio es el juez, el ojo que todo lo ve. Es el inicio y el fin, la excepción de la regla que va del blanco al negro, el término regulador de este entorno dual, bipolar, inestable de por si... sólo digerible por el mismo principio del equilibrio. Paradojas que no parecen al alcance de nuestro discernimiento.

Tan necesario, y al mismo tiempo tan inalcanzable.

Es ese Dios nos lo da y Dios nos lo quita, el mismo principio que nos hace recelar cuando todo nos viene de cara, y que por supuesto nos da esperanzas cuando ya nada puede ser peor.

Equilibrio.

Esa regla no escrita, y sin embargo, siempre presente ante nosotros. Hace creer al pecador y esconderse al vil ladrón. Nos anima a seguir a los que no tenemos nada que perder, y remueve los bajunos sentiemitnos de los banqueros, políticos, urdangarines, y demás seres bajunos que gobiernan este mundo.

Karma lo llamaron algunos, y todos sin excepción lo sentimos, aunque lo neguemos. Sabemos que tarde o temprano nos tendremos que enfrentar a él. El tiempo pone a cada uno en su lugar, dijeron otros.

Y en estos tiempos del falso y dañino equilibrio de la subjetividad, donde un lejano extremo decide imponer su propio equilibrio:

menos maestros, más policías
menos educación, más fútbol
menos sanidad, más corazón
menos libertad, más de lo mismo

Es ahora cuando más alejado parece estar el concepto del auténtico equilibrio. Es ahora cuando más me temo que va a volver a imponerse. Y será con un vuelco, tal vez violento, tal vez no. Quizás salvaje, quizas no. Tratemos de imponernos nuestro propio equilibrio mientras sucede.

Pero que sea equilibradamente. Será lo mejor.